Mino: El ejemplo de reinventarse más allá de las redes
Del niño que hacía videos con su padre al
artista que busca dejar un legado, Mino comparte cómo la disciplina, el miedo y
la perseverancia moldearon su camino.
| Mino, artista emergente Foto: Leslian Moreno |
“Los ganadores son solo perdedores que no se rindieron”. Entre la vulnerabilidad de un joven que creció
frente a una cámara y la determinación de un artista que se rehúsa a rendirse, Alejandro Avilés Ayala también conocido como Mino habla de sus inicios, sus miedos, su música y la identidad que ha
construido a base de disciplina, riesgo y autenticidad. Su historia, marcada
por la influencia de su familia y por una lucha interna entre lo que era y lo
que quería ser, revela a un creador que aprendió a transformar la duda en
motor.
¿Cómo entras a las redes sociales?
Entré a las redes sociales gracias a mi papá.
Cuando tenía siete u ocho años, él comenzó a crear contenido gracioso en
Facebook y Vine. Le empezó a ir bien, obtenía bastantes views, y decidió
incorporarnos a mí y a mi familia. Hacíamos contenido relacionado a la vida
entre padre e hijo. No fui yo quien comenzó solo; fue él quien nos llevó a ese
mundo del entretenimiento digital. Con el tiempo, al crecer, descubrí que
realmente me gustaba crear videos. Consumía mucho YouTube —creadores como
Fernanfloo, JuegaGerman, PewDiePie— y eso me inspiró. Abrí varios canales de
YouTube donde hacía gameplays de Minecraft, videoreacciones e incluso intenté
hacer stop motions con figuras de Lego y Dragon Ball Z. A diferencia de muchos
que solo consumían contenido, yo siempre sentí la necesidad de crear.
¿Qué tipo de contenido hacías cuando
comenzaste y qué buscabas con eso?
Al principio hacía contenido de risa con mi papá. Luego, por mi cuenta, hacía gameplays, reacciones y animaciones. Más adelante, cuando salió TikTok, también hacía contenido humorístico porque era sencillo, funcionaba y generaba views. Ya para ese tiempo estaba empezando a producir música, así que intentaba mezclar la comedia con la promoción de mis canciones, aunque todavía no sabía cómo hacerlo bien.
¿Hubo un momento en que sentiste que las redes ya no eran suficientes para expresar lo que querías?
Sí. Entre 2021 y 2022 tuve mi primer boom en
TikTok: subía videos diarios y mínimo uno a la semana llegaba al millón de
views. Pero ese contenido ya no me representaba. No involucraba lo que
realmente me gustaba: la música. Yo hacía esos videos porque me salía natural y
funcionaban, pero crecí y dejé de identificarme con esa versión de mí. Sentí
que tenía que evolucionar y hacer algo más auténtico.
¿Cómo fue el momento exacto en que
decidiste hacer música? ¿Fue gradual o hubo un clic?
Fue completamente gradual. Desde pequeño
estuve rodeado de música gracias a mi papá, que es músico. En casa siempre
había instrumentos, armonías, canciones. Escribí mi primera canción en quinto
grado, un remix de Bad Bunny. Siempre he sido alguien que estructura sus ideas
y las ejecuta, así que desde niño ya quería grabar y publicar música. En
intermedia seguí componiendo, pero fue en octavo grado cuando pedí mi primer
iPhone para usar GarageBand y comenzar a producir mis propias pistas. Ahí
empezó todo de verdad.
¿Qué ha sido lo más difícil de pasar de ser
“el influencer” a ser tomado en serio como artista?
La transición en sí. Es fuerte salir a la
calle y que te reconozcan como “el de TikTok” en vez de por tu música. Al
principio frustra, porque lo que más amas es la música y quieres que la gente
lo vea. Además, cambiar el contenido fue retante: mis seguidores estaban ahí
por la comedia, no por mis canciones. Convertir esa audiencia o encontrar una
nueva tomó tiempo. Pero valió la pena. Hoy la gente me reconoce como Mino, el
que hace música, y eso es gratificante.
¿Cómo fue el inicio de tu carrera
artística?
Curioso y autodidacta. Soy de
Camuy/Quebradillas, donde las oportunidades musicales son pocas. Tuve que
aprender todo desde cero: producir, componer, grabar, distribuir, promocionar,
hacer visuales. Comencé lanzando música en YouTube y SoundCloud porque era lo
más accesible. No sabía cómo subir canciones a Spotify o Apple Music. Fue un
proceso experimental entre mi papá, mi hermano y yo.
¿Cómo reaccionó tu familia a este paso?
Mi familia ha sido clave. Mi papá siempre me
apoyó desde el lado musical y mi mamá, aunque al inicio tuvo miedo, hoy es un
pilar y mi fan número uno. Ellos son las primeras personas a las que les cuento
mis oportunidades.
¿Cómo describes tu música a alguien que
nunca te ha escuchado?
Es una mezcla prohibida: rock con urbano. Para
muchos eso es un pecado, pero creo que para que un género evolucione hay que
arriesgarse. Es como si Álvaro Díaz fuera el vocalista de Linkin Park.
¿Qué aspectos de tu vida han cambiado desde
que eres artista?
Muchos. Salir a la calle se volvió un
performance porque siempre hay alguien que me reconoce. He tenido que cuidar mi
imagen, mis hábitos, mi forma de tratar a la gente. Con el tiempo se volvió
natural.
¿Qué puedes decir en una canción que no
podías decir en un video?
Las palabras pueden ser las mismas, pero la
música transmite lo que las palabras no pueden. La producción, los sonidos, la
armonía… todo eso lleva el sentimiento. Mi intención es que, incluso sin letra,
la música haga sentir lo que quiero expresar.
¿Quién es Mino? ¿Qué lo distingue de
Alejandro?
Mino es quien se atreve a hacer lo que
Alejandro teme. Alejandro siente, vive las experiencias y crea las ideas. Mino
las ejecuta. Lo que me distingue es que me atrevo a hacer música que otros no
se atreven a intentar, aunque no sea “la segura”. Mi arte es genuino: todo lo
que hago viene de mí, desde la letra hasta la producción.
¿Hubo un momento en que pensaste en
rendirte o volver solo a las redes?
Muchas veces. Me sentí insuficiente, dudé de
mí, lloré. Pero aprendí a ser perseverante. Caigo, pero me levanto. Y con el
tiempo he visto los frutos de no rendirme.
¿Qué significa el éxito para ti ahora,
comparado con cuando eras influencer?
Siempre ha significado lo mismo: vivir —no
sobrevivir— de lo que amo. La música siempre fue el objetivo. Crear contenido
solo se dio primero. Quiero dejar un legado y cambiar el juego.
¿Qué le dirías a alguien que tiene algo que
expresar, pero no sabe si merece llamarse artista?
La
frase que Mino guarda como mantra —“los ganadores son solo perdedores que no se
rindieron”— resume no solo su carrera, sino también el espíritu con el que
enfrenta cada etapa de su vida. Desde aquel niño que hacía videos con su papá
hasta el artista que hoy defiende su visión musical, su historia es un
recordatorio de que la evolución requiere valentía, disciplina y, sobre todo,
la capacidad de no rendirse incluso cuando el mundo o uno mismo duda de ti.
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